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Los once de la tribu, por Juan Villoro.

25 de Marzo de 2010

Fragmento de la conversación con el escritor Juan Villoro. México D.F. / Colonia Coyoacán / 23 de noviembre del 2009.

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villoro.

“El fútbol pone en contacto con emociones muy primarias, yo creo que el fútbol es un gran mecanismo para que el tiempo regrese. Por un lado regresamos al niño que fuimos: yo creo que aficionarse al fútbol es conservar algo de esa infancia posible. Javier Marías dice que es la recuperación semanal de la infancia ver partidos semana a semana, y tiene que ver con esto, con el momento en que los héroes son posibles, con el momento en que nada es más importante que el juego. Quien haya visto jugar a un niño sabe que para él, el juego es algo muy serio…los niños están realmente involucrados en el juego y respetan las reglas de manera increíble, son muy disciplinados para jugar porque si no el juego pierde su diversión. Lo mismo ocurre con el fútbol, es esta oportunidad de recuperar un momento de infancia en donde la realidad es ilusoria y lo único que importa es el juego, es decir, el juego sustituye el patrón normal de la vida.

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El fútbol es un mecanismo para regresar no solo a lo que fuimos individualmente al origen de nuestras vida, el niño, sino también para regresar al origen de la especie: pone en contacto con la horda del comienzo: la tribu, se encienden antorchas, nos pintamos la cara de colores, gritamos consignas salvajes, tenemos equipos que son nuestros delegados que van como a una guerra, hay escudos, hay apodos…toda esta parafernalia que parece retrotraernos al mundo del comienzo en donde la competitividad va a resolver la dignidad de la tribu, la dignidad de los nuestros.

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Entonces ahí surge una identificación muy primaria con el equipo, muy esencialista, casi de piel a piel, en donde el equipo nos representa y donde nos sentimos que formamos parte de el. En ocasiones, esto pasa también por una mediación simbólica: el equipo es el equipo de nuestra ciudad, de la fábrica donde trabajamos, o de la clase social a la que pertenecemos, o del sindicato al que estamos afiliados, o de la iglesia que tenemos…la universidad donde hemos estudiado entonces hay escuderías adicionales que justifican realmente porque estos jugadores son los nuestros, los once de la tribu.

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Esta es la identidad que nos permite el fútbol: la de recuperara elementos de la infancia y elementos de este mundo tribal que sigue siendo necesario para nosotros. No es casual que el fútbol sea el más primitivo de los deportes, con las reglas más simples y que además se juegue con la parte cancelada por la civilización que es el pie, la parte menos desarrollada de una especie que prosperó gracias al ojo y a la mano…entonces todo esto lo vuelve una actividad muy sugerente”.

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* Juan Villoro, sociólogo y escritor, ha sido escrito en importantes medios de Latinoamérica y España sobre fútbol. Dentro de sus publicaciones destaca “Dios es Redondo”, libro que muestra al fútbol como algo más que un juego, algo como una religión.

"Ojos Rojos" Conversando con Mario Benedetti: "El Fútbol en Blanco y Negro "

18 de Mayo de 2009

Ayer, 17 de mayo de 2009 falleció en Montevideo, Uruguay,  Mario Benedetti.
A continuación publicamos la conversación que mantuvimos en su casa con el escritor y poeta.
“El Fútbol en Blanco y Negro “
Continuamos en nuestro recorrido por el continente americano, buscando ojos con los cuales mirarnos. Seguimos buscando conversaciones latinoamericanas, intentando comprender la relación entre fútbol y cultura, intentando entrometernos en todo aquello que se teje entre el deporte y las idiosincrasias, entre las ceremonias y la historia, entre el juego y el mercado, entre el triunfo y el fracaso. Continuamos esta road movie sobre fútbol y cultura latinoamericana.
Seguimos en Uruguay, Montevideo, donde después de conversar con Eduardo Galeano, nos queda aún por encontrarnos con el otro grande montevideano, con ese gran hincha de Nacional de Montevideo, con ese gran monstruo de la sencillez, con aquel sincero narrador de su vida y de la de tantos otros que sufrieron su misma suerte o desventura: el exilio.
A veces, después de tanto recorrido, de tanto caminar y tanto saber, de tanto recorrer y tanto conocer, de mucho encontrar y mucho aprender, la figura del caminante puede tornarse soberbia, se puede ver la realidad como desde arriba, como sabiéndola toda. No es poco frecuente que el intelectual que ha caminado tanto termine por ser autocomplaciente, hablando para escucharse a sí mismo. Pero Mario no. Mario no pone esa cara de filósofo que se sabe la realidad mejor que los demás, Mario no está por encima de nadie, Mario mantiene una humildad que le hace parecer como si hubiera llegado recién a este mundo y lo estuviera reconociendo por primera vez. Por eso Mario es tan querido, porque al leer sus textos o al mirarle los ojos, produce cariño, su sonrisa de simple mortal produce en sus lectores ganas de tenerlo como abuelo, ese abuelo que lo agarre a uno de la mano, le regale un chupetín, y lo lleve al estadio a ver un partido de Nacional de Montevideo.
A las 6 era la cita, y ahí estábamos, tocando el timbre de su casa, subiendo en ascensor hasta su departamento donde él nos esperaba sentando en su sillón, sonriente y dispuesto a conversar. La conversación fluyó tranquila, por sí sola, parsimoniosa, pausada, como casi todo lo que sucede en Montevideo. Y ahí, mirándonos a los ojos, nos hizo retroceder muchos años, como una maquina del tiempo que nos sustraía de esta frenética actualidad veloz, vertiginosa, mediática, tecnicolor, y nos sumergía en ese mundo de radio, pantallas en blanco y negro, pastos grises y camisetas ajustadas. Y entonces nos llevó al primer mundial de fútbol de la historia, Uruguay 1930:
Mario Benedetti: Ah sí, mi padre me llevó para el estadio y no pudimos entrar porque estaba todo agotado, y entonces me llevó a un café de la avenida 18de Julio y lo oíamos por la radio, porque en aquella época no existía la televisión, y por la radio oímos el partido y como fue la cosa.
Después nos llevó a Brasil, al mundial de 1950, donde Uruguay se hizo inmortal ganándole la final a los locales en el estadio Maracaná:
… a todos los campeones de Maracaná yo los vi. Los vi cuando vinieron de regreso, ¿no?, yo fui a la Rambla y allí venían, y había una cantidad de gente, una muchedumbre en la Rambla para recibirlos. La verdad es que en la época de Maracaná, había un muy buen nivel de fútbol acá, muy buen nivel, después empezó a tener importancia la plata, empezaron a comprar jugadores de acá, y a los mejores que había se los llevaron, y entonces eso hizo decaer mucho al fútbol uruguayo. Y bueno, yo fui al fútbol a ver los partidos hasta que llegó un momento en que la violencia era tan tremenda que no me quise arriesgar más porque la violencia era muy fuerte, ¿no?, las barras bravas, esas famosas. Y además, la compra y venta de los jugadores es un negocio, es un negocio sencillamente. Y ahora no está bien Uruguay, ni siquiera los dos  cuadros grandes, Nacional y Peñarol, que están por la mitad de la tabla de posiciones.
Hemos pasado, como dice Mario, de la época del Maracanazo a la del Macanazo. Alrededor nuestro flota y nos captura la nostalgia. Nos dan ganas de vivir en blanco y negro, aunque sea por un ratito. Y Mario continúa escarbando en su caja de los recuerdos y nos lleva a los Juegos Olímpicos de Italia 1960:
Mario Benedetti: …y cuando fui a Italia, me habían encargado una entrevista porque iban a ser las Olimpiadas, al presidente del Comité Olímpico, y entonces yo dije, “bueno, vamos”, y me llevaron en una moto, sentado atrás, por Roma, aquello fue algo…, yo no sé, yo creo que fue la vez que estuve más cerca de la muerte, la moto esta se metía por todas partes, horrible, y bueno…
Pero quien iba en esa moto no era exactamente Mario Orlando Benedetti, sino el cronista Orlando Fino:
Mario Benedetti: Siempre, todas las semanas jugaban, un sábado, por ejemplo, Peñarol, y el domingo Nacional, jugaban los dos grandes  y entonces yo con un pseudónimo que era Orlando Fino, mi segundo nombre es Orlando, hacía unas crónicas humorísticas, donde les tomaba el pelo a uno y a otro, aunque yo siempre fui hincha de Nacional, pero les tomaba el pelo a los dos, porque era el sentido que tenía eso, así que bueno, eso tuvo bastante éxito. Y bueno, para mí fue un juego que me atraía mucho, en aquella época sobre todo, yo disfrutaba viendo un partido de fútbol, estuvo todo mezclado en mi afición por el fútbol.
Después de un silencio, con la mirada puesta en el pasado, recuerda:
Mario Benedetti: Mi primera aventura futbolística fue cuando yo tenía unos 18 años, y entonces jugaba de golero en el cuadro del barrio, y entonces una vez cobraron penal y me tiraron el penal y la pelota me pegó en la barriga, y estuve desmayado un rato largo.
Mario Benedetti: ¡Como pasan los años, como van quedando atrás esos momentos en donde todo era tan bonito! Como viene a la memoria de los mayores aquel tiempo en el que, no sin penas, todo transcurría sobre sus propias ruedas, ruedas que, no sin sufrimiento, eran movidas, impulsadas, empujadas, por las personas, personas que, no sin dolor, le imprimían a la realidad ese principio humano basado en que todo aquello que sucedía era regido por lo que los mismos humanos podían o no podían hacer. Aquellos tiempos en los que no todo dependía del mercado, y en donde los ciudadanos no éramos aún registrados como consumidores y televidentes.
Mario Benedetti: Yo creo que ha cambiado el fútbol, me gustaba más el de antes, era un juego más limpio, ¿no?, no había tanto castigo entre los jugadores, y trompadas, y cosas como hay ahora, y sobre todo no existían las barras bravas. Las barras bravas han distorsionado el deporte  completamente, y además con dos influencias terribles, una la droga, y otra la plata, así que eso ha perjudicado muchísimo el deporte acá.
A mí no me gusta ese estilo de fútbol que hay ahora, antes había en las canchas un juego más limpio, se veía más que era un juego, en los pases…, ahora un jugador le hace un pase a otro y en el medio aparece otro con una patada. Entonces yo creo que en el fútbol de ahora hay cosas que lo perjudican mucho, como hay ofertas para todos, entonces se ha convertido en un negocio, por un lado, y por otro en un vicio.
Triste realidad ésta que nos toca. Triste deporte que se convierte en negocio, tristes clubes que se convierten en tiendas, tristes futbolistas que se convierten en atletas para poder aguantar el esfuerzo que les exigen las empresas transnacionales. Triste continente latinoamericano que se queda sin jugadores porque el euro vale más que los pesos, los reales, los bolívares, los sucres, los soles. Y así, si el fútbol se convierte en un negocio global, América Latina se convierte en el semillero de Europa.
La historia es cíclica y los patrones se repiten: el mundo desarrollado se desarrolla en base a la materia prima que los países subdesarrollados dejan escapar. Así sucedió con el oro y la plata a partir del siglo XVI, y así sigue sucediendo con las desterritorialización de las empresas en Europa Occidental. Y así como los asiáticos fabrican a bajo coste la ropa que visten los europeos, los latinoamericanos producen a bajo coste los futbolistas que hacen campeones a los equipos del viejo continente. Lo que hace cinco siglos fue la mina de Potosí para la economía, actualmente es Nacional de Montevideo para el fútbol.
Los que trajeron el fútbol fueron los ingleses, en eso no estuvieron los españoles y los italianos, sino los ingleses, y bueno, ellos metieron el fútbol acá.
Mario Benedetti es uno de esos hombres que vivió en aquellos tiempos en los que las personas no eran más que eso, personas, y en donde la carne y el hueso eran suficientes para su desarrollo. Mario es uno de esos sabios que vio bajar el fútbol de los barcos, ahí, sentado, tranquilo, mateando a orillas del Río de la Plata, cuando los barcos huían de la pobreza europea, desde Italia, España, Inglaterra, para poder, como los inmigrantes actuales que hacen el mismo recorrido en el sentido contrario, trabajar, comer, reproducirse, y si era posible, jugar a la pelota y tomar mate.
Si Inglaterra es la cuna del fútbol mundial, Uruguay es la cuna del fútbol latinoamericano. Antaño, ambas cunas fueron de oro, hoy, la cuna donde nació Enzo Francescoli es un duro y cotidiano transcurrir, en donde el objetivo principal es poder irse a jugar a Europa. El primer campeonato Mundial de fútbol se realizó en Uruguay, y ahí estuvo Mario; actualmente, dicho país se postula como candidato para ser la cede del Mundial del 2030. El futuro se ve complejo, la “garra charrúa” se debate entre la ilusión y el llanto, entre el amor propio y el desarraigo.
Mario Benedetti: La garra charrúa existió, cómo no, había un espíritu combativo, pero sin brutalidad, eso era lo bueno de la garra charrúa, que era sin brutalidad, sin agresiones, sin tremendas patadas al contrario, pero ya es un dato del pasado. Figuró en la historia.
Entre la vida y el fútbol, yo creo que antes había más similitudes, porque el fútbol era un juego más tranquilo, era más juego, y entonces atraía más al público en general, en cambio ahora es difícil que un estadio se llene, aquí por lo menos. En el fútbol de antes había un poco de poesía, en el fútbol que se jugaba en la cancha, en el de ahora no.
Y así, entre recuerdo y recuerdo, Mario nos trasmite el conocimiento con sonido a radio, las imágenes en blanco y negro, un poco borrosas y con señal intermitente, en donde, a causa de la no existencia del control remoto, teníamos que levantarnos del sillón para cambiar de canal, para mover la antena, o para darle ese golpecito en el costado de la tele para que volviera la señal.
¿Y el presente?
Mario Benedetti: Los uruguayos en general, bueno, después de unos cuantos años de dictadura, y algunos gobiernos de derecha, salio por fin un gobierno de izquierda, que es el Frente Amplio, y todavía le falta conquistar muchas cosas, no está perfecto todavía el Frente Amplio, pero comparado con lo que había antes me parece un progreso tremendo, y yo estoy con el Frente Amplio, y con Nacional también.
Hasta aquí nuestra conversación con Mario. ¿Y ahora qué?, solos otra vez, volviendo a Chile, con Ojos Rojos pero también con Ojos Celestes. Seguiremos nuestro recorrido por el continente conociendo gente, escuchando experiencias, y cambiando nuestros ojos de color, con la esperanza de que algún día el rojo sea únicamente el de la camiseta, y no el del llanto.

"Ojos Rojos" Entrevista Eduardo Galeano parte II

28 de Abril de 2009

Continuamos con la entrevista a Eduardo Galeano, autor de “Las venas abiertas de Latinoamérica”, “El Fútbol a Sol y Sombra”, entre muchos otros, la cual realizamos en Montevideo, Uruguay en el año 2008.
Ojos Rojos: Sigamos con el libro “El fútbol a Sol y Sombra”…
Antes de la profesionalización que condujo a convertir el fútbol en una industria, parte fundamental de la industria del espectáculo, probablemente la más lucrativa de todas, yo dije eso, creo que en el librito este, “que es un triste viaje del placer al deber”, y es verdad porque ahora el imperativo de ganar o ganar, predomina por sobre el puro placer de jugar, jugar por jugar nomás, sin más nada que exigir, y digamos, el fútbol es parte del mundo tal cual es, es un espejo de la vida, no es una vida aparte de la vida que todos vivimos, y entonces está sujeto a las reglas del mundo moderno, donde el único pecado que no tiene redención ni perdón es el fracaso, está prohibido perder, y está prohibido fracasar. Entonces eso implica el desarrollo de un juego cada vez más orientado al resultado y que cada vez admite menos los espacios de libertad, de locura, de fantasía.  
Ojos Rojos: Y respecto a los países, ¿Por qué tantas diferencias entre unos y otros?
¿Por qué los argentinos ganan?, ¿por qué los chilenos pierden?, ¿por qué los paraguayos empatan? Qué fue lo que hizo que los diversos países corrieran con tan diferentes suertes. Echémosle la culpa al océano, a las corrientes atlánticas. A lo mejor todo se trata de un juego de procedencias. El camino por el cual vamos podría depender del camino por el cual venimos. Habría que saber entonces de dónde vienen las cosas que nos conforman, cómo estamos hechos y de qué material, y, con ese material, qué formas podemos construir. Se trata de un juego histórico de migraciones, en donde todo aquello que descendía de los barcos se dispersaba por el territorio americano, poblándolo y mezclándose con aquellos que ya estaban. De esa eterna fusión nacen millones de características que salen disparadas por distintas latutudes dejando marcas por todas partes. 
Y así, por las rampas de los barcos que tocaban costas americanas, bajaban colores, bajaban ritmos, bajaban idiomas, bajaban acentos, bajaban recuerdos y olvidos. Por todo el mundo zarpaban barcos que cruzaban océanos, y en ellos llevaban, a veces como carga y a veces como pasajeros, a personas de todo el mundo: blancos, negros, amarillos, tierra; esclavos, libres, aventureros, expatriados. Cada uno con sus gustos, sus disgustos, sus habilidades, sus saber hacer, su querer aprender. América Latina se convirtió en la región mestiza por excelencia, entre lo negro y lo blanco, el degradé se configuró infinito, y las formas de hacer, incontables.  
Argentina, Uruguay y Brasil reciben el don por barco desde aquel lejano lugar británico conocido como el origen del fútbol mundial, tal vez, de no ser así, se llamaría balompié y los dueños de la sabiduría serían los países que dan al Pacifico, o los que no dan a ningún lugar, Chile, Perú, Ecuador, Bolivia. 
Ojos Rojos: Así, hablando y pensando en los barcos que llegaron a América, ¿Qué pasa ahora?
Uruguay exporta mano de obra y exporta también pie de obra, o sea, es una triste realidad nada digna de celebración, este es un país que vende carne humana, y que por lo tanto se está quedando sin jóvenes, lo van a ver en las calles ustedes ahora, con sólo caminar un rato, acá son todos puros viejos, los jóvenes se van, y lo mismo pasa en el fútbol. El Uruguay es, en proporción a la población, el país que tiene más jugadores profesionales en el exterior, y esto implica una hemorragia, una sangría de talentos, ha hecho que el fútbol nuestro sea cada vez más pobre, más aburrido, que congregue cada vez menos gente en los estadios, porque los mejores jugadores se ven por la tele, jugando afuera, algunos muy lejos de aquí…, a mí me parece que es una catástrofe inevitable, porque este mundo globalizado implica la exportación de talentos, y la utilización de los que más tienen, ¿verdad?, sobre los que tienen poco o nada, y no hay quien se escape de eso, salvo que los que poco o nada tienen se junten entre si y aprendan a defenderse.  
Continuara…
Aquí puedes leer la primera parte de esta entrevista y también puedes ver el segundo trailer de Ojos Rojos.